Conduzco con cuidado por ese tráfico infernal de viernes por la tarde, maldigo la falta de educación vial, el exceso de automóviles y la sobre población mundial, cuando de pronto veo sobre el carril derecho a un hombre mayor sorteando el tráfico y empujando la silla de ruedas de otro hombre todavía más anciano que él y que no tiene piernas. Me entristezco por ellos y cambio mi actitud.
Agradezco por conducir un coche y por estar sana y completa.
Me quejo en el supermercado porque cada fin de semana los precios están más altos, el cereal, los quesos, el café, la fruta. Cuando hago la fila para pagar, una mujer delante de mí lleva tres bolsas de pasta para hacer sopa. Cuando va a pagar le dicen que son doce pesos. Sólo lleva diez... devuelve una bolsa de sopa. Le pregunto si no la ofende que la ayude y su mirada dice lo que sus labios no se atreven.
Agradezco por tener un trabajo.
Hace poco fuimos a comprar pescado para comer el viernes santo. Ya saben, la abstención de carne roja es buen pretexto para darse una comilona de mariscos y pescados. Como había tanta gente en los alrededores tuvimos que estacionar el coche a varias calles de la pescadería. Hacía un calor tremendo y mientras caminábamos nos quejábamos de los casi 30 grados de calor que caían a plomo sobre nuestras cabezas; de pronto vimos a un hombre que vendía artesanías, estaba muy requemado por el sol. Lo vimos sentado en el quicio de una puerta, exhausto. Sólo nos vio pasar ya sin fuerza para ofrecernos sus productos. Mi hermana y yo nos miramos y sin decir palabra nos metimos a una tienda a comprarle agua y fruta. Cuando volvimos ya no lo encontramos. Nos sentimos muy mal por no haber podido ayudarlo.
...
Sucede que solemos quejarnos por lo que nos sale mal o vivimos haciendo el recuento de aquello de lo que carecemos, no nos detenemos a pensar que si tenemos seres queridos (familia o no), un techo sobre nuestra cabeza, un plato sobre nuestra mesa, un trabajo y salud, somos seres bendecidos y con todo por agradecer.
Nuestras no carencias, nuestra no enfermedad, nuestra no falta de amor nos comprometen a ser felices y agradecidos por lo que sí poseemos. Es la hora de dar gracias.
Un tip: La felicidad se multiplica si ayudamos a los menos afortunados que nosotros. ¡A ayudar!
domingo, 14 de abril de 2013
viernes, 5 de abril de 2013
Herminia
Herminia es esa señora que asea
silenciosamente las oficinas de una empresa cualquiera y que pasa inadvertida
para la mayoría de las personas que la rodean.
Su rostro luce siempre triste
pero sereno, aunque tiene 56 años parece que tuviera muchos más y
cómo no, si ha trabajado duro desde que era una niña y ha tenido que enfrentar revés tras revés toda su vida.
Nació en Huauchinango, Puebla y
fue la mayor de tres hermanos. Nació en medio de la pobreza y con un padre
autoritario que aterrorizaba a la familia y golpeaba a su madre. Cuando su
padre llegaba de trabajar, se sentaba a comer y estiraba la mano
para tomar la tortilla recién hecha. La tortilla en ese preciso momento debería
estar esponjando, es decir, separando su piel delgada de la gruesa. Si esta
condición fallaba, porque recién se había desinflado la tortilla o porque ésta requería de unos segundos más para
inflar, despertaba la furia del padre, que aventaba el bracero de la madre y
arremetía contra ella a patadas.
Cuando su mamá estaba embarazada
de su tercer hijo, el señor le pegó tan fuerte y tan repetidamente en el vientre
que cuando poco tiempo después le sobrevino un cáncer de matriz, a
Herminia siempre le quedó la impresión de que algo tuvieron que ver esas
patadas para que su mamá se enfermara.
Su madre muere a los
24 años, luego del funeral el padre la manda con sus dos hermanitos a
la tienda y le ordena no regresar sino hasta luego de un rato. Cuando se
acercan de regreso a casa ve a su padre rodeado de personas y entregándoles
papeles. Su padre estaba regalando a sus hijos a tres diferentes familias.
A Herminia le ha tocado quedarse
en manos de su madrina, así que le suplica a ésta entre sollozos que permita
que sus hermanitos se queden con ella, que le promete que ella los mantendrá.
La señora accede y puntualiza que ella no gastará un centavo en sus
hermanitos. A partir de ese momento ella comienza a trabajar, mantiene a sus hermanos y los manda a la escuela en su momento. Sólo tiene
8 años de edad.
Herminia asiste a un colegio de
monjas y forja una fe inquebrantable que
le dará fuerza toda su vida y que será su herramienta más importante para
sobrevivir.
Se casa siendo muy joven como dicta la tradición y tiene siete hijos. Como dicta también la tradición su
esposo comienza a golpearla, pero cesan los golpes cuando los hijos crecen y se
lo impiden.
Uno de sus hijos, a la edad de
diez años, de pronto comenzó a gatear porque “se cansa de estar parado”, pocos
días después al salir del baño le dice a su madre: ¡Mira mamá, estoy creciendo
de un solo lado!” Herminia comprueba horrorizada que es verdad. Le diagnostican un tumor
cerebral. Los doctores les dicen que si no lo operan se morirá, y que de
operarlo existe un gran riesgo de que quede en estado vegetativo o con
secuelas.
Herminia y su esposo discuten. Él
se opone a la operación y dice “Que muera si Dios así lo quiere”, ella pide que lo
operen porque lo quiere vivo aunque sea
en estado vegetativo, dice que no va a sentarse a esperar verlo morir. Su
esposo acepta firmar para que lo operen pero le dice a Herminia: “Para mí, mi
hijo está muerto y no me hago cargo”. Lo operan y tras un mes de inconsciencia
comienza a reaccionar, es como un bebé, hay que comenzar a enseñarle todo.
Herminia toma la difícil decisión
de trasladarse a la ciudad de Puebla para trabajar formalmente y tener
seguridad social para su hijo enfermo. Su esposo tiene un trabajo itinerante de
albañilería y poco se le ve. Sus otros hijos se quedan en Huauchinango porque así
les conviene a todos en ese momento. Consigue
trabajo en un lugar que presta servicios de intendencia a diferentes
empresas.
Los años transcurren y va adquiriendo enfermedades en el camino, padece hipertensión, diabetes y cáncer de tiroides.
Cuando trabajando le hacía un
mandado a alguien y éste le trataba de dar una propina no la aceptaba porque a
ella le enseñaron que los favores no se cobran.
Se alimenta muy disciplinadamente
y toma sus medicinas puntualmente para controlar mejor sus enfermedades. Cocina
tan rico que estando trabajando en el aseo de una empresa corporativa le piden los
empleados que les venda mole poblano, o tamales,
chile molido y gorditas. Herminia acepta pero vende al costo, no gana nada porque le da vergüenza
cobrar, a veces pierde porque no puede cargar los tamales y paga un taxi. Aún así
hay quienes le pagan en abonos, si es que le pagan. Su ángel de la guarda la regaña y le explica que debe ganar algo, aunque sea poquito y así lo hace.
Vende tan bien que sus
compañeros de intendencia se unen en su contra por esa razón y porque pide
permiso de ausentarse dos veces por mes, una para consulta de su hijo y otra
para consulta propia. Logran que la echen de esa empresa.
Sus idas y venidas a Huauchinango
son frecuentes, su esposo se encela de que los hijos hagan tantas “fiestas” al verla; uno de ellos
le contesta siempre: “es que de niños tuvimos pura madre y pues hoy vales eso,
madres” a veces estaban a punto de
liarse a golpes pero Herminia metía paz.
Eso la hacía sufrir mucho, y es que según cuenta ella misma, los hijos están
afectados por el desapego del padre; nunca se acercó a ellos y mucho menos los
cargó porque decía que lo ensuciaban.
A veces ve a su padre en el
zócalo del pueblo, sus hijos la animan a que lo salude y ella lo hace a
regañadientes. Le pregunta cómo está y el señor contesta: “¿Y cómo quieres que
esté? Enfermo porque no me atiendes como es tu obligación” Él no es el único que le reprocha eso, ha
tenido que enfrentar dos demandas absurdas de parte de dos diferentes mujeres
de su padre reclamándole su abandono y falta de manutención.
En noviembre de 2012 le avisan
que murió uno de sus hijos, el que solía reñir con el padre, le habían
detectado cáncer de hígado tres meses atrás.
Este febrero pasado ha muerto
Toño, el hijo enfermo que la trajo a
esta ciudad. Se murió tras convulsionarse
por un ataque epiléptico. El padre fiel a su palabra jamás contribuyó a sus
gastos o cuidados.
Herminia se ha despedido de
nosotros, se regresa a su pueblo porque no estando Toño su estadía ya no tiene
razón de ser, también se va porque los hijos que le quedan la reclaman, le dicen
que si esperará a que muera otro de ellos para regresar.
sábado, 5 de enero de 2013
La Magia
Tendría yo unos 8 años cuando me enteré de la terrible verdad. Los Reyes Magos, tal cual los concebía, no existian. Ese día y no otro fue el día en que perdí la inocencia. Ese día dejé de ser "niña".
Eran unos días después del 5 de enero, ese año los Reyes Magos me habían traído un pato grande de plástico, blanco y con pico naranja. Yo lo amaba, jugaba con él en el tanque de agua de la casa, lo ayudaba con la mano para que avanzara por la superficie del agua, suave, haciendo ligeras ondas.
Ese fatídico día llegaron de visita familiares del pueblo de mis padres, tios, tias, primos.
A una prima a la que llamaremos "Clara" y que tenía un par de años más que yo, supongo que le resultó chocante verme con mi pato bajo el brazo y mis ojitos brillantes diciéndole "¡Mira me lo trajeron los Reyes Magos!" Recuerdo que Clara tenía una actitud crítica y burlona para todo, no era una buena compañera de juego, por el contrario me estaba resultando molesta pues me sacaba de mi ensoñación.
Cuando por fin se despedían, Clara me empujó sobre la cama, quedó montada sobre mí y me dijo al oído, riéndose: "Los Reyes son los papás". se incorporó sonriendo y se fue.
Ese día me lo pasé en blanco, como si me hubieran dado un martillazo en la cabeza. Luego del aturdimiento comencé a hilar situaciones, a comprender cosas y sí, a llegar al entendimiento de que efectivamente los papás, y luego con ayuda de los hermanos mayores, eran los que nos daban nuestros regalos. Me sentía muy agradecida con ellos, pero me quedó un desaliento que no me abandonaba.
Le confesé a mis hermanos adultos y a mis padres que ya sabía "el secreto" aunque nunca les conté la forma en la que me enteré. Automáticamente pasé a la banda de los que ya saben, y a cuidar de que los más pequeños que yo, siguieran conservando la ilusión.
Al año siguiente quise acompañarlos a comprar los juguetes y fue una experiencia horrible. La rebatinga, los precios, el regateo, la multitud. Sobre todo me dolió ver a padres halando a sus hijos pequeños y entre gritos y regaños exigirles que ya se decidieran por un juguete. Era un absurdo.
Desde mi mirada de niña me parecía que el ritual perdía todo sentido. Si obviamente el niño ya sabía que eran sus padres quienes compraban el regalo, ¿para qué llevarlo de madrugada a comprarlo? ¿Qué necesidad de meterse en el tráfico, las multitudes y hasta los abusos de los vendedores? ¡Bajo esa circunstancia podían ir a comprarlo cualquier día del año a horas más decentes!
Más tarde oir a mis hermanos menores (tres niñas y un niño) emocionados y cuchicheando me emocionó a la vez; yo sabía qué les traerían los Reyes. ¡Yo había ayudado a escogerlos y estaban re bonitos! También había un regalo para mi, no vi cuando lo compraron y menos cuando lo colocaron bajo el árbol sobre mi zapato que yo no puse pero "ellos" sí. Comencé a vivir la segunda etapa, esa donde agradeces doblemente ese acto de amor.
Siendo ya veinteañera y aproximándose el 5 de enero le conté a mis hermanas de cómo me había enterado de que los Reyes eran los papás. Fue un momento muy emotivo, me sorprendió darme cuenta de que me había quedado resentida por ese modo de enterarme. Mis hermanas me mostraron su solidaridad y entre todas tundimos verbalmente a la canija de Clarita.
Ese seis de enero sobre mi zapato había una hermosa muñeca. Los Reyes dejaron de trarme regalos de adulto y volvieron a dejarme muñecas, en un afán de que esa niña cerrara el círculo a su paso y a su manera.
Luego me enteré que habían buscado patos afanosamente como el de mis recuerdos pero nunca encontraron uno
Luego de unos 4 años y como diez muñecas (porque a veces llegaban de a dos) dije... ¡Basta, es suficiente, Clarita ya salió de mis pesadillas!
He seguido recibiendo regalos, he sido Rey mago y me he levantado muchas veces de madrugada el seis de enero para ver las caras de felicidad de mis sobrinos mientras descubrían sus regalos. Es magia.
domingo, 11 de noviembre de 2012
Cuentito
- Oye papá ¿Me cuentas un cuento? -.
- Tu mamá es la que sabe contar cuentos hija, a ella le salen bien bonitos, yo no sé. Anda con ella -.
- ¡Papá, me gustan mucho los
cuentos de mamá, pero ya tengo siete años y tú nunca me has contado uno!
¡Cuéntame
uno papá! -.
- ¡Es que hija, esas historias de
princesas y príncipes, de finales felices, de érase una vez como que no se me
da! – Se rasca la cabeza, incómodo -.
- Pa, te digo que ya tengo siete
años, ya soy una niña grande y las historias que dices ya las he oído mucho, cuéntame
tu algo, para variar ¿Sí papa? -.
El padre mira la hermosa cara de
su hija, sus ojitos suplicantes. Se queda un momento mirándola callado, traga
saliva y por fin habla.
- Está bien hija, ven, siéntate
aquí, te contaré un cuentito -.
La niña se sienta al lado de su
padre, lo mira con los ojos muy abiertos, expectantes.
- Pues verás hija, había una vez un
hombre que no era príncipe ni nada de eso, era un hombre común, que luchaba
por abrirse paso en la vida. Era de cuna humilde, no tenía ninguna preparación
superior, la urgencia de llevar dinero a su casa lo obligó a salir a trabajar
siendo muy joven.
A este hombre nada parecía
salirle bien, trabajaba mucho, ganaba poco
y su vida se reducía a ir de la casa al trabajo y viceversa.
Un día en el que se sentía
especialmente triste y sin esperanza un compañero de trabajo se acercó a él
para invitarlo a una fiesta. Él no quería ir, nunca iba a fiestas, no sabía
cómo comportarse ni tenía ropa como para irse de fiesta, pero ante la
insistencia del amigo aceptó ir.
El día de la fiesta se vistió de
forma humilde pero pulcra y prometió a su madre que no llegaría tarde, que iba sólo
por cumplir con su palabra.
Apenas llegó a la fiesta se
arrepintió de haber ido, había mucha gente, no encontraba a su amigo y sentía
que no encajaba en el lugar.
Afortunadamente la reunión era en
un jardín, así que él se alejó de la gente y comenzó a caminar entre unos
árboles, respiró fuerte llenando sus pulmones de ese aire limpio y fresco
cuando de la nada, apareció alguien que le hizo gritar.
- ¿Por qué gritó, papá? ¿Era una aparición? -
Gritó por la sorpresa y si… creyó que era una aparición, porque era una mujer, la mujer más hermosa que hubiera visto en su vida. Desvió sus pasos para no estorbar el paso de la mujer cuando ésta tocó su brazo y le dijo con una sonrisa: - Perdona que te haya asustado, no era mi intención -.
- ¿Por qué gritó, papá? ¿Era una aparición? -
Gritó por la sorpresa y si… creyó que era una aparición, porque era una mujer, la mujer más hermosa que hubiera visto en su vida. Desvió sus pasos para no estorbar el paso de la mujer cuando ésta tocó su brazo y le dijo con una sonrisa: - Perdona que te haya asustado, no era mi intención -.
Él detuvo su paso y con voz
vacilante le contestó: - No se disculpe, era yo que venía distraído, con
permiso -. Se alejó apresurado.
Cuando estuvo lo suficientemente
lejos se dijo a sí mismo que era un tonto y un mal educado, que había dejado a
esa hermosa mujer con la palabra en la boca, que no le había preguntado ni su
nombre, que le había hablado de usted… y así siguió haciéndose multitud de
reproches.
Luego de un rato volvió a la
reunión, no vio nunca a su amigo entre tanta gente y decidió irse. Ya se
alejaba cuando la hermosa aparición se acercó a él y le dijo… - ¿Te marchas ya?
-.
Él volteo a verla y dominándose
un poco más le contestó que sí, que era tarde, que vivía lejos y que tenía
muchas cosas que hacer y que bla y bla y bla… ahora metía la pata a la inversa,
después de quedarse mudo en un principio ahora no sabía cómo detener el
torrente de palabras absurdas e inconexas que salían por su boca.
Cuando por fin se quedó callado,
ella mirándolo con sus grandes ojos le dijo: - Yo también me marcho ya, las
fiestas en realidad no me gustan, los grupos grandes me cuestan trabajo. Vivo
cerca de aquí ¿Me acompañas? Permíteme, le aviso a mi familia que ya me voy -.
Él se quedó parado mudo otra vez,
sólo asintió con la cabeza y la esperó un par de minutos. Cuando ella volvía
caminando hacia él, no pudo evitar admirarla en su hermoso vestido corto rosa,
en sus sandalias, su cabello ondulante, en esa mirada, en esa cara toda…
Dieron un paseo caminando,
la confianza que ella tenía sobre sí misma lo relajó a él y le permitió desenvolverse
sin más apuros. Intercambiaron nombres, aficiones, gustos en general. Él se
sentía un poco cortado porque en realidad no tenía mucho que decir acerca de
él, su familia o su trabajo, pero la actitud positiva y receptiva de ella
nuevamente lo volvieron a relajar. Cuando la dejó frente a una casa grande y a
todas vistas muy lujosa se sintió cohibido y muy inferior a ella.
Cuando se dijeron adiós ella
besó su mejilla. Él sintió que con ese beso ella se robaba su corazón.
Siguieron viéndose, hablaron más
de sus vidas y quedó claro que él era un obrero sin estudios, ella era una rica
heredera estudiando una carrera en una prestigiosa universidad. Todo los
separaba pero sus corazones estaban irremediablemente unidos.
Se hicieron novios, se adoraban y
mutuamente se decían que no podían vivir el uno sin el otro. Él en un acto de
irresponsabilidad y claramente no pensando le pidió que fuera su esposa. Ella
aceptó mostrando todavía menos cordura que él, - y es que, hija, - el amor es así,
ciego, incongruente, absurdo, maravilloso, desastroso, hermoso.
Cuando él se presentó ante los
padres de la novia para pedir su mano fue un día terrible, el padre lo despidió
con cajas destempladas, la madre lloró, el novio demudado sudaba a mares, pero
ella… ella estaba serena, sabía que las cosas serían así, se mantuvo firme.
Como ella tenía 19 años sus padres ya no podían retenerla por la fuerza, pero sacaron su arma más contundente, le dijeron: ¡Si te casas con este hombre te desheredaremos!
- ¡Ay papá! ¿Qué pasó? ¿Terminaron el noviazgo? -.
Como ella tenía 19 años sus padres ya no podían retenerla por la fuerza, pero sacaron su arma más contundente, le dijeron: ¡Si te casas con este hombre te desheredaremos!
- ¡Ay papá! ¿Qué pasó? ¿Terminaron el noviazgo? -.
No hija. Se casaron en una
sencilla ceremonia con únicamente la familia de él como testigo. Rentaron un
departamento pequeño y sencillo, apenas sin muebles. Ella dejó de estudiar y
comenzó a trabajar y le dijo a él: - Mi amor, hay una sola cosa que te quiero
pedir y quiero que me la cumplas. Estudia. Inscríbete en la escuela y haz esa
carrera que siempre soñaste. Triunfarás en la vida porque tienes todas las
cualidades, sólo vamos a trabajar en las herramientas para lograrlo amor -.
Por algunos años apenas se veían,
uno trabajaba, el otro estudiaba y viceversa. Ella también retomó su carrera,
no en la prestigiosa universidad pero sí en una universidad pública al igual
que él. Fueron labrándose su futuro con trabajo y sudor auténticos.
Él no podía dejar de mirar y admirar a esa princesa, su esposa, llevando con maestría su humilde hogar,
aprendiendo a cocinar pues nunca tuvo necesidad de hacerlo, administrando el
dinero, dándole a él una vida, una confianza
y una esperanza que jamás soñó tener.
Un día ella preparó la mesa para
cenar de una forma especial, cuando él llegó de sus clases nocturnas se
sorprendió de verla ahí, tan bonita, con esos ojos tan brillantes con más luz que
nunca. Se abrazaron y cuando él quiso preguntar qué pasaba ella calló sus
labios con un beso.
Luego de que cenaron, mirándose,
besándose y uniendo sus manos, ella le anunció que estaba embarazada.
Se
abrazaron emocionados y con lágrimas en los ojos. No estaba planeado así, pero
no les importó, era el tiempo perfecto para ese bebé porque los planes
superiores anulan los planes de los mortales.
Tuvieron una hija, tan hermosa
como la madre.
Los padres de ella se hicieron presentes y pidieron perdón, querían ver a su nieta y ser parte de su vida. No hubo rencores, todo quedó
olvidado. Lo único que no aceptaron casi al unísono fue el ofrecimiento que les hicieron de
hacerla nuevamente heredera.
Ambos terminaron sus estudios,
consiguieron mejores trabajos y siguieron viviendo felices con su hermosa hija -.
- Bueno, como decían en mis tiempos hija,
colorín colorado este cue…. - ¡Espera papá! Que no me has dicho en ningún momento
los nombres de los protagonistas de este cuento! -.
Los nombres los conoces, son el
de tu madre, el mío y por supuesto el tuyo.
¡Papá!! ¡No sabía! Es la mejor
historia que me han contado, porque es real, porque es nuestra historia y
porque … Porque … te amo papá!
Lo abraza llorando. También hay
lágrimas en los ojos de él. Qué bonitas son las lágrimas de la felicidad.
Ya… bajen el telón.
lunes, 22 de octubre de 2012
Luisa
María
Luisa
Güicha
Maria Luisa
Te fuiste
Tres años
Inesperado y esperado
Incomprensible y comprensible
¿Qué se hace con un cuerpo que se ha vuelto una carga?
¿Qué se hace cuando ya no hay ganas?
¿Cómo se enfrenta el nuevo día cuando el dolor y la desazón
nos impiden disfrutarlo, vivirlo, gozarlo?
No hay reproches, sólo agradecimiento, sólo reconocimiento,
sólo remordimientos
Te recuerdo no en el dolor, ni en la tristeza ni en la
oscuridad; te recuerdo en la alegría, en las risas, en las continuas muestras
de amor.
Te recuerdo en nuestras últimas conversaciones donde la
madurez, la mesura y la serenidad te brotaban por los poros.
Me quedo con tu imagen tranquila, con esa imagen que me sugería que la verdad te había sido desvelada, que sabías algo que yo ignoraba, que entre el dolor y la desazón habitaba una luz nueva que te daba certeza.
La certeza de la luz al final del túnel.
Estamos tristes por nosotros porque nos haces falta. Por ti estamos
felices.
Descansa en paz Luisa, hermana. Así te sé, feliz y en paz.
domingo, 21 de octubre de 2012
Las Voces Del Silencio
Cuando se hace el silencio comienza el verdadero ruido.
¿Qué ruido se produce dentro de tí cuando estás a solas?
¿Qué pasa cuando la concentración en el trabajo, las demandas del jefe, el ruido del teléfono y la computadora quedaron atrás?
¿Qué sucede cuando la familia se fue a dormir y cesó el torrente de palabras, de juegos, de risas, o de recriminaciones?
¿Qué sucede cuando te quedas a solas contigo mismo y las voces interiores comienzan a emerger?
¿Las ignoras?
¿Pones la televisión con el volumen muy alto en cualquier canal, cualquier programa?
¿Pones la radio pegada a tu oído hasta que el sueño te vence?
¿Lees hasta que el libro (o el portátil) casi cae de tus manos?
¿Te da miedo quedarte a solas contigo mismo?
A veces lo primero que nos viene a la mente son los acontecimientos del día.
"Que robaron la casa de al lado, que qué vamos a hacer"
"Que en la oficina hubo un problema y que quedé mal parado"
"Que qué ruta escogeré mañana al trabajo, mi cuidad parece un campo de batalla"
Luego siguen los:
"Tengo que tomar acciones urgentes con esa tarjeta de crédito"
"Debería acercarme a mi hermano (o amigo) y hacer las paces, total el problema fue una burrada y ya tenemos meses sin hablarnos.
"La casa necesita reparaciones urgentes"
Nuestro subconsciente deja para el final lo que menos queremos pensar, lo que menos queremos cuestionar:
"Ya tengo ... años"
"¿Qué he hecho de mi vida?"
"¿He hecho lo suficiente?"
"Si hubiera estudiado, si hubiera aprovechado esa oportunidad de trabajo..."
"Si hubiera aceptado esa relación, o si no la hubiera terminado... si..."
Luego nos aterramos con el:
"Tengo que hacer mi testamento" (Digo, mi viejo coche no va a quedar a la deriva)
"Tengo que acercarme más a los que amo, decirles que los quiero, hacer las paces con la vida"
"Tengo que salir más, vivir la vida como tanto oigo que dicen..." "Vivir la vida"... ¿Cómo? ¿Haciendo qué?
¿Soy feliz?
¿Tendré cáncer? ¿Me irá a dar cáncer?
¿Veré de frente el rostro de la maldad? ¿Me secuestrarán? ¿Me torturarán y asesinarán?
¿Me moriré pronto?
¿Qué hay después de la vida?
... Subimos el volumen de la televisión o la radio y apretamos los ojos y nos negamos a hablar con nosotros mismos...
Para algunos cuestionamientos conocemos la respuesta pero no la queremos encarar (estudiar, cambiar de trabajo, poner un alto al abusivo...)
Sin embargo lo que principalmente nos aterra es enfrentar el hecho de saber que pese a todos nuestros esfuerzos del día a día, nuestra vida, nuestro destino está en manos del azar, que una calle, unos pasos pueden hacer la diferencia. Una bacteria, una célula anómala o un asesino nos acechan a la vuelta de la esquina... o no.
Todos tenemos miedos que no queremos enfrentar ¿A qué le tienes miedo tú?
domingo, 7 de octubre de 2012
¿Ya fuiste a misa?
Es domingo y este día trae consigo deberes que cumplir. Hay que ir a misa.
Así lo cree la gente religiosa
Así lo siente la gente espiritual
Así lo hace mucha gente por tradición, porque así nos enseñó papá (este grupo cada día se reduce más)
Así lo hacen algunos más porque tienen la convicción de que si no van a misa algo muy malo les ocurrirá durante la semana.
Dice la iglesia que si no vamos a misa cometemos un pecado capital. Es decir, es un pecado grandote que para ser perdonado requiere confesión, penitencia y claro, no volverlo a cometer.
Supongo que el escenario ideal para ir a misa sería:
Ir en familia
Que se sienta un ambiente festivo en la iglesia, caras sonrientes y cálidas (Estamos en Su casa y vamos a encontrarnos con Él ¿No?
Que se entienda lo que dice el sacerdote
Que el sacerdote tenga el tino de dar un sermón que mande un mensaje que nos impulse a mejorar algún aspecto de nuestra vida.
Que aprovechando que la familia ya está junta y en la calle, se de un paseo dominical, de zócalos, helados y estampas dominicales.
Pero no es así. El ambiente general es de funeral. Adultos apartando asientos para gente que nunca llega, caras largas para el "hermano" que está al lado, apretón de la mano diciendo "La paz" pero sin hacer contacto visual y con gesto adusto. Están en misa menos en misa, mirando para todos lados y juzgando a los demás.
Lo peor son los sacerdotes con aire de superioridad oficiando misa con desgano, hablando y orando de tal forma que sólo se entienden ellos. El sermón, la hora de la explicación del Evangelio, el momento supremo para acercarse a la gente resulta ser lo más malo. Se nota a leguas que no lo preparan con anticipación y que improvisan. Regañan a los asistentes y los descalifican. Hablan como si todo su auditorio fueran niños de preescolar, o adultos con algún tipo de retraso mental. No hay comunión, no hay acercamiento.
Tengo la convicción de que "misa" no es ir forzado a la iglesia, no es ir a juzgar a los demás, no es estar pensando en otra cosa, no es ir a rezar en automático, no es estarse enojando por lo que dice el sacerdote, sintiéndose insultado y tal vez profiriendo alguna descalificación mental acompañada de una palabrota.
Misa es armonía entre los tuyos, la feliz convivencia familiar.
Amarnos los unos a los otros, eso es lo único que se nos pide. Los negocios terrenales son cosa aparte.
¿Se notó que poco voy a misa?
Así lo cree la gente religiosa
Así lo siente la gente espiritual
Así lo hace mucha gente por tradición, porque así nos enseñó papá (este grupo cada día se reduce más)
Así lo hacen algunos más porque tienen la convicción de que si no van a misa algo muy malo les ocurrirá durante la semana.
Dice la iglesia que si no vamos a misa cometemos un pecado capital. Es decir, es un pecado grandote que para ser perdonado requiere confesión, penitencia y claro, no volverlo a cometer.
Supongo que el escenario ideal para ir a misa sería:
Ir en familia
Que se sienta un ambiente festivo en la iglesia, caras sonrientes y cálidas (Estamos en Su casa y vamos a encontrarnos con Él ¿No?
Que se entienda lo que dice el sacerdote
Que el sacerdote tenga el tino de dar un sermón que mande un mensaje que nos impulse a mejorar algún aspecto de nuestra vida.
Que aprovechando que la familia ya está junta y en la calle, se de un paseo dominical, de zócalos, helados y estampas dominicales.
Pero no es así. El ambiente general es de funeral. Adultos apartando asientos para gente que nunca llega, caras largas para el "hermano" que está al lado, apretón de la mano diciendo "La paz" pero sin hacer contacto visual y con gesto adusto. Están en misa menos en misa, mirando para todos lados y juzgando a los demás.
Lo peor son los sacerdotes con aire de superioridad oficiando misa con desgano, hablando y orando de tal forma que sólo se entienden ellos. El sermón, la hora de la explicación del Evangelio, el momento supremo para acercarse a la gente resulta ser lo más malo. Se nota a leguas que no lo preparan con anticipación y que improvisan. Regañan a los asistentes y los descalifican. Hablan como si todo su auditorio fueran niños de preescolar, o adultos con algún tipo de retraso mental. No hay comunión, no hay acercamiento.
Tengo la convicción de que "misa" no es ir forzado a la iglesia, no es ir a juzgar a los demás, no es estar pensando en otra cosa, no es ir a rezar en automático, no es estarse enojando por lo que dice el sacerdote, sintiéndose insultado y tal vez profiriendo alguna descalificación mental acompañada de una palabrota.
Misa es armonía entre los tuyos, la feliz convivencia familiar.
Amarnos los unos a los otros, eso es lo único que se nos pide. Los negocios terrenales son cosa aparte.
¿Se notó que poco voy a misa?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
