domingo, 18 de marzo de 2012

Recordando a los que se fueron

Foto cortesía de @maumercatto tomada el 18.03.12 
Visitar el panteón siempre me ha producido sentimientos encontrados.

Eso de ir a "visitar a nuestros muertos" me parece como poco una monstruosidad. ¿Nos van a invitar a tomar un café? ¿Nos vamos a actualizar de noticias? "Hola ¿Cómo has estado, qué tal te trata el más allá? ¿Esa tumba es cómoda? ¿Pasas frío, calor?".

¿Ellos qué nos preguntarían o dirían? ¡Vaya, hasta que te apareces! ¡Ni creas que con ese ramito de flores me vas a contentar!... ¿Como que has engordado no?

Si, muy absurdo. Lo sé.

También sé bien que los muertos no permanecen en los panteones, que ahí yace un despojo humano. Que el alma (que es lo que vale) se fue a otro lugar o se extinguió el mismo día que murió, según cada quién sus creencias.

Aunque no lo queremos ver, a los muertos en nada les benefician nuestras visitas al panteón ni se enteran de ellas. Por esas mismas razones tampoco se ponen tristes porque no los visitamos ni se alegran de "vernos".

Decía que cada que la presión de la familia es mucha por visitar el panteón, me resigno y voy. Tenemos seres queridos en dos panteones diferentes, hoy toca visitar el Municipal que como bien lo implica su nombre es un panteón del pueblo.

Han de saber que ese panteón se divide en secciones. La primera sección es de los más pudientes, así que hay auténticas construcciones tipo partenón, otras más podrían albergar una familia pequeña, se nota que hubo una feróz  competencia entre los poseedores de esas construcciones por tener cada uno la mejor.

Recuerdo bien que en una visita previa vi caminando a dos humildes chiquillas de cinco o seis años,  cada una acarreando una cubeta de agua, miraban asombradas los mausoleos de la primera y segunda sección, iba pasando junto a ellas cuando una le dice a la otra: "Mira manita, son las tumbas de los ricos".

Me sonreí y pensé para mis adentros: Estas niñas en su inocencia y esos "ricos" en su soberbia no alcanzan a ver que cuando morimos todos somos iguales.

Cuando hace poco más de dos años llevamos al panteón a mi hermana, nos tocó dejarla en la quinta sección, la última y más humilde, ahí donde sólo se ven cruces a ras del suelo, algunas oxidadas o en muy mal estado, ahí donde no importa que la basura se acumule. El panteón está completamente lleno y no hay de donde escoger. Hubiera querido que se quedara en el otro panteón, donde están mis padres y mi abuela paterna, ese panteón estilo americano donde todas las tumbas por igual tienen sólo una lápida y un florero sobre el verde pasto, pero así estaba decidido.

Como decía al principio no me gusta ir al panteón, no por las razones equivocadas. Sin embargo cuando tengo que ir confieso que lo disfruto. Sí, dije disfrutar. Me gusta ver a la gente caminando con flores hasta la tumba que van a visitar, me gusta ver a las familias en torno a ellas. Me gusta ver cómo las limpian, las adornan. Disfruto verlos conviviendo como familia reunidos con quien ya no está. También me admira verlos guardando un profundo silencio, cada quién sumido en sus recuerdos y pensamientos.

Llegamos hasta la tumba de Luisa mi hermana y hacemos los mismos ritos. Acarreamos agua, limpiamos, adornamos con flores y la traemos a nuestros recuerdos, hablamos entre nosotros de ella o guardamos silencio recordándola. Al final oramos por ella.

Mi reflexión es que ir al panteón no es en beneficio del que se fue sino del que se quedó. El ir a visitarla no es un asunto de etiqueta sino un asunto del alma. Visitarla la mantiene viva entre nosotros, en nuestros recuerdos.

Limpiamos  su tumba y con ello limpiamos un poco nuestras conciencias porque ¿Quién no se queda siempre con el sentimiento de: "Pude haber hecho más"?, oramos por ella pero creo que ella no lo necesita. Las oraciones son para nosotros los que nos quedamos, oramos por resignación y redención.

No son tan inútiles las visitas al panteón.

jueves, 5 de enero de 2012

Reyes Magos

Casi no podía respirar de la emoción, el día había llegado. Como cada cinco de enero estábamos mis hermanos y yo listos con nuestras cartas a los Reyes Magos.

Desde días antes nuestro comportamiento cambiaba notablemente, porque con la cantaleta de nuestros padres o mayores de “Los Reyes te están viendo” no osábamos portarnos mal, ni desobedecer, ni reñir entre hermanos.

También con suficiente anticipación habíamos hecho ya nuestras cartas. Pedazo de papel, lápiz mordisqueado, de rodillas apoyándonos en la cama o en el suelo garabateábamos:

Queridos Santos Reyes:

Este año me he portado muy bien, por eso quiero pedirles que por favor me traigan: Una pelota, un juego de té, una muñeca que abra y cierre los ojos y si se puede también que camine. También quiero un triciclo y una batería. Les prometo que el próximo año me portaré todavía mejor. Gracias.

Doblábamos la hojita y la acomodábamos con cuidado dentro de nuestro zapato, luego ayudábamos a los más pequeños a hacer también sus cartas. Poníamos zapatos y cartas bajo el árbol o nacimiento navideño.

Ese era el día más largo de nuestra vida, ya queríamos que anocheciera y sucediera la magia. Recuerdo que con frecuencia y de forma involuntaria emitía un silbido incontrolable que sonaba como “YYYYYYY” que era la más pura expresión de mi emoción mal contenida.

Nos acostábamos temprano y cuchicheábamos, apretábamos los ojos obligándonos a dormir pero no había modo, era demasiada emoción. Mis padres o hermanas mayores hacían rondines supervisando que ya estuviéramos dormidos, los ojos apretados y la mueca tensa nos delataban… “Ya duérmete porque si los Reyes llegan y estás despierta se pasan de largo y no te dejan nada”…. ¡Nooo! Dormir… dormir… dormir… y ahí venían las risas incontrolables, los codazos entre nosotros y entre cuchicheos, regaños y risas por fin lográbamos dormirnos.

Uno a uno, comenzábamos a despertarnos dos o tres horas después… y nos susurrábamos:

“Creo que ya llegaron” “¿Sí?” “¿Los viste?” “Vi una sombra y oí ruido”

Voz de adulto (padre o madre) ¡Niños, duérmanse!

Y otra vez a apretar los ojos, a contener la emoción, para un rato más tarde volver a las andadas.

La casa en la que vivíamos era como un tren, es decir, las habitaciones se sucedían una a una en forma horizontal. Así que desde nuestra habitación (Que era como de hospital pues albergaba varias camas para un montón de niños) para llegar a la sala donde estaban el árbol y nuestros zapatitos esperando por los ansiados regalos teníamos que cruzar por la habitación de nuestros padres.

Nunca faltaba el hermano o la hermana avezada que se atrevía a ir a gatas hasta la sala, cruzando silenciosamente la habitación de mis padres… para regresar y contarnos:

“¡Ya están nuestros regalos ahí! ¡Toqué algunos, se sintió algo redondo, como una pelota, y luego hay una caja grandota, y me pareció que vi tu bici!” Nos contaba susurrando, sofocándose, con todas esas orejas pegadas a sus labios.

Una vez yo fui la designada para hacer una segunda inspección, me bajo de la cama, y gateando me dirijo a la habitación de mis padres, ni siquiera alcanzo la mitad de la misma cuando me dicen “¡Nene!, ¿A  dónde vas? ¡A la cama! Y ahí voy de vuelta, con  un ritmo más apresurado y muy avergonzada, nunca fui hábil para esos trabajos de campo xD.

Finalmente ya entre cinco y seis de la mañana se nos permitía levantarnos de la cama. Ahí íbamos en tropel a la sala, buscábamos con la mirada nuestro zapato, había regalos por doquier. La magia ante nuestros ojos, regalos traídos por los mismísimos Reyes Magos. Decíamos que el que nos traía a nosotros era Gaspar, que porque era el negrito y era pobre, no sé de donde sacábamos esas historias.

 Ahí estaba mi zapato, me acerco y hay una pelota, también una muñeca de plástico rígida. Alguna vez había calcetines, o una bolsa de dulces, muchas veces el juego de té o la batería era un regalo que venía para compartir.

Mirábamos nuestras cosas con fascinación, se las enseñábamos a nuestros hermanos, las tocábamos, las acariciábamos. ¿No era lo que habíamos pedido? ¡Qué importaba! ¡Los Reyes en persona vinieron hasta nuestra casa, identificaron el zapato de cada quien y nos dejaron regalos!

Nunca preguntamos por qué a las vecinitas ruidosas y groseras les traían la bicicleta o las muñecas que hablaban y caminaban. Nunca nos pasó por la cabeza inconformarnos con lo que habíamos recibido. Lo disfrutábamos mientras duraba y ya mayores nos seguimos riendo con esas anécdotas.

Que si Miguel pidió un  coche de baterías o tracción y recibió uno sencillo de plástico, y le puso un hilo, y caminaba por delante de él arrastrándolo, hasta que poco después alguien le hizo ver que sólo llevaba el hilo pues el coche se quedó en el camino y lo perdió el mismo día.

O Lili que recibió su muñeca negrita de cartón, y como desde chiquita fue muy hacendosa luego de jugar un par de horas con ella la metió a la tina de agua para bañarla y la negrita se quedó flotando deshecha, con sus ojitos muy abiertos.

Vinieron tiempos mejores y los Reyes Magos parece que se turnaron, y fue el mago rubio y alto (¿Melchor?) quien nos comenzó a visitar y a traernos tal vez no lo que pedíamos porque el imaginario del niño es infinito, pero sí muñecas rubias y bicicletas para compartir.

Creo que los adultos de hoy que como niños creyeron en los Reyes Magos en su más tierna infancia son  adultos que creen en la magia. No se sienten engañados o defraudados por el disimulo. ¿Acaso no fueron unos Reyes aquellos que los proveyeron de un juguete o de una ilusión que estuviera al alcance de sus posibilidades, con la pura justificación de su amor?  

Hoy haz feliz a un niño. Sé su Rey Mago.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Feliz Año 2012

Se termina el 2011 y eso me invita a hacer una reflexión.

Tengo muchas cosas por las que dar gracias.

Doy gracias por todo lo que no me fue dado:
  • No padecí ninguna enfermedad este año, ni tuve que visitar un hospital de emergencia.
  • No fui víctima del crimen organizado, y en México eso se agradece de rodillas.
  • No perdí a ningún ser querido cercano, y también por eso lanzo aleluyas al cielo.
  • No perdí mi trabajo, vamos hacia adelante capoteando la marea.
  • No perdí la cordura y tampoco la paz que me rodea, esos son bienes que valoro entrañablemente.

Doy gracias por toda la gente que se ha cruzado en mi camino este año, gente hermosa que me ha enseñado el valor de la amistad, que me ha acogido de forma natural en su círculo de amigos, he visto el rostro de la bondad así como el desprendimiento desinteresado.

Doy gracias por mi familia, que siempre está ahí para mí, que me demuestra su amor a cada segundo, nunca dejaré de dar gracias por haber nacido entre ellos. Mi familia es el mejor regalo que la vida me dió.

El 2011 fue un buen año en lo personal, en lo familiar y en lo laboral. Brindo por ello.

Para México, mi país, este fue un año convulsionado. Aunque han habido logros y avances en algunas áreas, la violencia e inseguridad han campeado de tal manera que a nivel nacional e internacional es imposible tener ojos para nada más que el horror por los aproximadamente 60,000 muertos relacionados con la lucha contra el crimen organizado. El 2012 es el año en el cambiaremos de mandatario, tristemente sabemos que votemos por el que votemos no habrá cambios significativos, todos los candidatos son cucharadas del mismo jarabe.

La labor de cada mexicano será hacerle saber al sistema que hemos crecido, que el votante de hoy no es el del 2006, ni el del 2000 ni el de los sexenios atrás. Los mexicanos hemos aprendido que no importa quién gane, porque una vez que están en uso "en plenitud del pinche poder" (cita textual de Fidel Herrera) se vuelven sordos y ciegos a las demandas del pueblo. Hemos aprendido que una vez en el poder se convierten en aquello que juraron combatir. Sabemos que no es suficiente cambiar de banderas políticas porque todas son los mismos, es necesario cambiar el sistema de raíz.

Por último quiero compartir con ustedes algunas ideas de propósitos para tener un buen año en todos los niveles.

  • Vamos guardar las tarjetas de crédito y a pagar nuestras deudas.

  • No gastemos más de lo que ganamos, la tarjeta se debe pagar en su totalidad cada mes.

  • Abramos una cuenta de ahorros, aunque sea con una cantidad mínima, y hagamos el compromiso personal de depositar una cantidad fija de cada sueldo que recibamos y que no sea gravosa para nuestra economía. Esa cuenta no se toca.

  • Fijémonos la meta de tener nuestro peso ideal. Con constancia, ejercicio y dieta (comer de todo pero en cantidades pequeñas) lo podemos lograr. No hay que permitirnos subir mucho de peso porque es mucho más fácil bajar dos o tres kilos que diez o quince. Más allá de hacerlo por lucir bien, el peso correcto nos ayudará a mantenernos saludables, si perdemos la salud con ella se van muchos bienes más.

  • Hay que superarnos profesionalmente, salgamos de nuestra zona de confort, empeñémonos en ser mejores empleados o empresarios. Hay que quitar la mala cara para ejecutar nuestras funciones, aquellas para las que nos pagan. Recuerden que allá afuera hay muchos que quisieran tener nuestro trabajo, que tal vez están mejor preparados que nosotros y que están dispuestos a recibir un sueldo menor al que percibimos. Hay que tomar cursos que nos ayuden a desempeñarlo mejor (Ventas, excel, ortografía, inglés, servicio a clientes, etc.) En una de esas no sólo conservamos nuestro trabajo sino hasta nos ascienden o aumentan el sueldo.

  • No sólo las empresas tienen una visión y misión. Cada uno de nosotros nos debemos preguntar donde queremos estar en uno, dos, cinco años y trabajar en ello. Dejemos de ser cascaritas de nuez montadas en una ola de mar.

  • Cuida a tu familia, dales a ellos lo mejor de tí. Me sorprende tanto ver a gente entregarse tanto al amigo, al jefe, al compadre y dejar en segundo plano a su familia. Sonrisas y amabilidades para los de afuera, caras largas y acritud hacia los que nos aman. Comienza ahora a abrazar a los tuyos y a decirles que los amas, acércate a ellos, conoce sus necesidades y ayúdales  a cubrirlas. A veces creemos que nuestra madre, padre o hermanos son de goma, no se cansan, no se frustan, no sufren. Comienza a hacerlo hoy, mañana puede ser tarde.

  • Vamos a encontrar nuestra equilibrio personal, llámese guía espiritual, Dios, Alá, Gurú, Universo. Aprendamos a mirarnos por dentro, a buscar nuestros cómos y nuestros por qués. Aprendamos a meditar, sincronicemos nuestro interior con nuestro exterior. Algunos oran por la mañana, otros por la noche, unos más simplemente se ponen en contacto con la naturaleza, o miran por la mañana el amanecer. Sin paz interior no es posible encontrar la paz exterior. Las lágrimas, tristeza o dolor nos impiden reir, cantar, abrazar, amar.

Les agradezco mucho su solidaridad, asomarse por este blog que cada día está más abandonado. Incluiré en mis propósitos ser más constante en mi humilde escritura. Ojalá siga contando con ustedes.

Un abrazo y que el año que entra venga colmado de bendiciones para todos.

lunes, 17 de octubre de 2011

¿QUE EL GOBIERNO HAGA ALGO?

Esto lo recibí por correo electrónico, el autor solicita reenviarlo a cuantos podamos así que me permito postearlo pues coincido plenamente con lo aquí expuesto. El propio autor se identifica a sí mismo al final de la columna.

* * *

Cada día escucho más la famosa frase mexicana: ¡Que el gobierno haga algo! 

 Tengo un primo que estuvo en el tutelar por asalto a mano armada, después de salir de dicho lugar, estuvo vendiendo "vino adulterado". Su madre y hermanos estaban felices, por que vendía veneno mezclado con un veneno todavía peor. Decían que era bueno, y que ganaba buen "dinero fácil" con ello.
¿Qué podía hacer el gobierno para corregir la educación que en casa dio mi tía a su hijo?

Tengo un primo que ya padeció sífilis, gonorrea y se infestó de piojos "humanus pubis" (piojos genitales), aunque está casado y tiene ya dos niñas "adora a las prostitutas". Por suerte en la actualidad está sano (o eso espero), y dice que "ya es especialista en enfermedades de transmisión sexual" (aunque no terminó la escuela preparatoria). Justo hoy fue a gastar otros $550.oo pesos en una ramera, y se mantiene un poco preocupado de no saber si ya contrajo VIH. Su padre (mi tío), a corta edad lo llevó con una prostituta, "para que se hiciera hombrecito" y supiera "qué es estar con una vieja".
 ¿Qué podía hacer el gobierno para corregir la educación que  en casa dio mi tío a su hijo? ¿Por qué mi tío no acudió a donde se les explique sobre educación sexual y no a las "agencias de masajes"?

Tuve un tío, el "Tío Vicho" (Víctor) que murió hace dos años por alcoholismo, de joven era bravo y broncudo, le llamaban "El Burgués". El me platicaba como se encerraba con mujeres, pues él "era el chido", el que cargaba "la cocais", el guapo y fornido (y claro que de joven lo fue, y de sobra). Se internó en centros de recuperación para drogadictos y alcohólicos cantidad de veces. En una ocasión, estando "en reposo", él, en casa de mi madre, en la madrugada empezó a gritar: - Las arañas, ¡Maten a las arañas! ¡¡¡Las arañas!!! - cuando corrimos a su recámara mi madre y yo, lo vimos saltar de un lado a otro de la cama, despierto, asustado, con esos ojos gigantes de drogadicto asustado, por fin lo pudimos controlar. ¡En esa limpia recámara no había ningún ataque de arañas gigantes!
¿Qué podía hacer el gobierno para corregir la ruta que mi tío fue fortaleciendo entre familia y amigos, hasta lograr su muerte? Mi abuela siempre dijo: Son hombres, deben ser cabrones y viejeros. ¿Esto lo podía corregir el gobierno? ¡Si ni en casa interesó!

En México, mi país, cada que tenemos un terremoto o inundación la gente se pelea por la ayuda que llega de fuera y del propio gobierno. Mientras algunos tratan de salvar su vida, otros entran a casas de hermanos y vecinos para ver que se roban, de preferencia en la noche, "cuando es más fácil", sino es que los propios policías, militares y rescatistas encueran las casas. En Japón, hace unas semanas tuvieron una contingencia nuclear, la gente, damnificados, aun con hambre, esperaban formados agua y alimento, ayudaban a quien podían ayudar, "nadie robó nada", y se publicó a Japón como un pueblo organizado y moral por todo el mundo. Un ejemplo a seguir, un país que "aun con hambre y oliendo muerte" se sabe formar y esperar un turno, donde los ancianos son sabiduría y no un estorbo. ¿Qué podría hacer el gobierno mexicano para corregir a un pueblo desorganizado, indiferente, amoral, semireligioso y conformista, novelero y bebedor?

Hace unos días, estando dos niños menores de quince años "jugando" en casa, uno embebió al otro con un solvente y le prendió fuego. ¿Necesitamos un policía en la sala - comedor de cada casa? Mientras, en otra colonia, una mujer permitía que su propio amante violara hasta la saciedad a su hija menor de edad, siendo esta testigo ocular y presencial, "para que no buscara el hombre algo en la calle y no le fuera infiel" ella mejor ofrecía a su propia hija. ¿Que el gobierno haga algo? A una mujer no le importa su propia hija, ¿Cómo cambia esto el gobierno?

¿Qué hará el gobierno para tirarnos los televisores a la basura y meternos la cabeza en los Buenos libros?
¿Qué hará el gobierno para mantener a los treinta vagos, alcohólicos y drogadictos que se juntan en la esquina de mi negocio y de mi casa? Si sus "mamis" los quieren tanto.

¿Cuál gobierno? ¿El de hace 100 años o el de hoy...? O peor, el gobierno de mañana... donde estarán tus hermanos y nietos... ¿Que el gobierno haga algo?

No estoy de acuerdo en quejarme del gobierno, pues uno u otro partido están "lleno de mexicanos", como yo, mexicano. Esos que tuvimos una revolución que nos enorgullece, donde soldados por un lado y revolucionarios por el otro violaban ancianas, mujeres y niñas, delante de sus hermanos, maridos e hijos, que después de presenciar el evento serían asesinados, sino torturados antes de esto. Y además, quemaban los cultivos, robaban las gallinas, guajolotes y puercos... los puercos. Mexicanos contra mexicanos, como hoy.

¡Viva México Cabrones! ¿Viva México? ¿Qué parte de México? ¿Los idiomas indígenas que nos avergüenzan o los tenis Nike que utilizamos? ¡Viva México! ¡Grítalo aquí!, en nuestras fiestas patrias, por que cuando te paras en China o España agachas la cabeza, pa' que no te vean que eres mexicano.

El presidente de mi país dice que acabará con el narco... NO, no es así. Cuando los medios de comunicación le piden resultado el no debe de prometer que terminará con los transportadores y productores de la cocaína, debe de pedir que revisen a "sus hijos" las narices pa' ver que se están metiendo... ¿quién creen que se está aspirando tantas toneladas de polvo blanco? ¿Los extraterrestres?

¿Qué hará el gobierno para que dos de mis vecinos dejen de querer modificar, pintar y rayar mi propiedad?, ¿Qué hará el gobierno para que mi vecina deje de arrojar los excrementos de sus perros en mi azotea?, ¿Qué hará el gobierno para que mi vecino deje de fumar marihuana junto a mi tanque de gas desde las 8:00am, cuando sus padres se van?

Que si la policía es corrupta... tengo familiares y amigos policías, y sí, (no todos, pues estamos también llenos de héroes anónimos) pues no entran a ese oficio ni por lo seguro del oficio ni por el sueldo.

¿Que el gobierno haga algo? Sí, tienen parte importante, pero organizados no necesitamos ni a un gobierno. El gobierno no es y no puede ser más que "administrador".

¿Que el gobierno haga algo? ¿Qué va a hacer el gobierno para que tu familia y la mía no insulte ancianos, respete a los niños, evitemos las drogas, enseñemos "valores" en casa? ¿Qué hará el gobierno para que no gastemos "más" de lo que podemos pagar? ¿Cómo el gobierno nos va a "desinflar" estos senos jugosos de grasa por comer 10 veces más calorías de las que requerimos? ¿Cómo el gobierno nos pondrá a caminar 2 kilómetros diarios o a trotar 10 minutos por día?

¿Que el gobierno haga algo? Producimos los libros para el sur de América, ¡pero en México no se leen!
Me asusta cada persona que dice: ¡Que el gobierno haga algo!

De cada 10 amigos que egresaron la facultad conmigo, 8 dicen que en la escuela "no les enseñaron nada", ¿entonces por qué no se salieron?

Soy José Alfredo de la Cruz Murillo, Médico Veterinario dedicado a las Pequeñas Especies y Diseñador de Espacios, vivo en Guadalajara, trabajo en mi municipio y en Zapopan, hago práctica médica privada, organizo charlas "gratuitas" en parque, iglesias y escuelas sobre biología y mascotas, SOY MEXICANO, pero mi familia y mi pueblo no anda nada bien, tengo miedo por mis 2 hijas y el futuro que les espera.
Por el gobierno de este sexenio no podremos hacer nada, pero el que viene en 24 años será un ejemplo mundial, porque allí estará un hijo tuyo, y tú, lo educarás de forma ejemplar: con valores, formación científica, calidad humana y decencia.
Te saluda un hermano mexicano.
  

domingo, 4 de septiembre de 2011

Qué maravilla.

Qué maravilla de nuestra esencia, de nuestro ser, es la capacidad que tenemos de renovarnos cada día, la capacidad de florecer una y otra vez.

Cada día es una nueva oportunidad, cada día es un nuevo comienzo. Nunca es tarde para borrar y volver a escribir. Aquello que no podemos borrar también puede quedarse atrás pasando la hoja al cuaderno de nuestra vida. Que el ayer no nos impida vivir el hoy.

Qué maravilla el poder de perdonar a los demás y a nosotros mismos. El que no perdona está encadenado sin poder avanzar, no hay camino ni felicidad posible si pretendemos caminar con los lastres que nosotros mismos nos impusimos y que arrastramos con nosotros.

Qué maravilla la capacidad de aprender de nuestros errores, de caer y levantarse, de limpiarse los ojos y ver que el sol sigue ahí, el aire sigue ahí, la vida sigue ahí esperando a que nos decidamos a vivirla.

Nunca es tarde para aprender, para reinventarse, para comenzar realmente a vivir. No hay que esperar a mañana, hay que vivir hoy porque el hoy es lo único que tenemos, mañana quién sabe.

sábado, 3 de septiembre de 2011

domingo, 19 de junio de 2011

A mi Padre

Él regresa de su trabajo como ebanista, entra en su humilde casa, la cual sostiene con trabajos.

- Ya llegué, negra - saluda a su esposa. Ella es de tez blanca, pero él le dice así de cariño, a veces también le dice "chata" y en privado le dice medio en serio y medio en broma "eres mi mujer, me perteneces porque cuando nos casamos así lo dijo el padre".

Su casa es un hervidero, y cómo no, si tuvo doce hijos, porque había que tener todos los hijos que Dios nos mandara y a ellos Dios les mandó muchos.

El oficio con el que mantenía a toda su familia no daba para mucho pero daba suficiente, o al menos así lo creíamos los doce chiquillos que vivíamos en el paraiso porque éramos felices. 

¡Cómo no ser felices si teníamos unos padres amorosos que se respetaban y que nos cuidaban con ayuda de mi abuela paterna!. Sus vidas giraban en torno nuestro.

Mi padre trabajaba todo el día, pero a partir del sábado por la tarde era todo nuestro. Mi madre lo iba a esperar a la salida del trabajo y regresaban con bolsas de comida que entre todos los adultos preparaban y que degustábamos con singular alegría, reunidos en una gran mesa, con largos bancos en lugar de sillas, hechos por mi padre para que cupiéramos todos.

Algunos domingos íbamos a la tienda grande de la colonia, mi papá pagaba las cuentas pendientes y llevaba a casa un refresco para cada uno de la familia, era un honor acompañarlo en esas ocasiones y cargar nuestro Pascual Boing, Orange Crush o Titán (personalmente siempre escogía el refresco con más contenido).

Mi padre nunca nos pegó, esa tarea correspondía a mi madre, y cuando ésta avasallada por su ruidosa prole pedía ayuda a mi papá, éste, reacio, hacía taquito su periódico y se ponía de pie ante el chiquillo o chiquilla en cuestión y le decía dándole en la cabeza un suavísimo toque con el periódico "obedece a tu mamá" y volvía a enfrascarse en su lectura. Debo decir que cuando mi papá me "pegaba" me dolía más que cuando mi mamá lo hacía, cinturón en mano.

Mis padres venían del pueblo y hasta la fecha me sigo preguntando perpleja de donde sacaron con tan escasa enseñanza escolar, tanta buena educación, tantos modales y tanto honor.

No sólo nos enseñaron a manejar unos cubiertos y comportarnos en la mesa. "Siéntate derecho", "No sorbas la sopa", "Mastica con la boca cerrada", "límpiate la boca", "Baja los codos de la mesa" etc. sino que nos dieron otros valores que a todos sus hijos nos ha servido como llaves de oro para abrir puertas en la vida.

Mi padre me decía:
- Cuando te ofrezcan algo (de comer) siempre toma la porción más pequeña.
- Cuando toques a una puerta hazlo sólo dos veces, con firmeza pero quedamente.
- Siempre pide por favor y agradece.
- Cuando tu empleador te pregunte cuánto quieres ganar, contesta "Lo que usted considere que vale mi trabajo, señor".
- Dale gracias a Dios por todo lo que te da.
- Reza por las noches, aunque sea un Padre Nuestro pero con fé y devoción.

Él nos dejó también muchas enseñanzas aprendidas de su ejemplo. Era un hombre honrado, respetuoso, formal, puntual, que no decía malas palabras. Lo más fuerte que le escuché decir y eso porque estaba muy molesto fue un "¡Chintetes!".

Mi padre amaba leer, siempre estaba leyendo algo y nos inculcaba que lo imitáramos. Si teníamos alguna duda siempre recurríamos a él y siempre tenía la respuesta, y si no, ahí estaba el atlas o el diccionario. Nunca nos quedábamos con la duda de nada. A veces temíamos preguntarle algo porque no obteníamos una respuesta llana sino toda una explicación. A mi padre no se le podía preguntar la hora porque nos contaba la historia del reloj, decíamos a modo de broma entre nostros los hijos.

Pero planteándomelo ahora, lo que siempre mas admiré de mi padre fue el gran amor que tuvo por mi madre. Creo que nunca la dio "por hecho", creo que siempre la consideró su novia y siempre vivió conquistándola. Ese homenaje de amor fue lo que más honda huella dejó en mí.
Toda mi vida mientras vivieron me sorprendió la emoción con la que cada 14 de febrero intercambiaban regalos.

Ya jubilado, cansado y enfermo seguía tratando a su "negra" con deferencia. Aún a 50 años de casados seguían teniendo largas conversaciones en las noches, compartidas en la intimidad de su habitación. Esas conversaciones que a sus hijos cuando éramos pequeños nos llegaban en forma de susurros hasta nuestras camas, y nos daban seguridad y confianza. Esos murmullos eran la mejor canción de cuna que pudimos haber tenido.

Cuando mi padre murió, hace ya 14 años y me preguntaban "¿De qué murió? yo no sabía responder. Su corazón simplemente se detuvo. Es que ya era la hora, la misión estaba cumplida. Así lo avalaban sus hijos, adultos de bien, alrededor de su cama, así lo avalaba su negrita, mi madre, la mujer más amada que he conocido.